LA GLORIA MUNDIAL
Dicen que lo único inexorable es el paso del tiempo. Que no hay forma de que se detenga ni siquiera un instante. ¿Será cierto eso? Tal vez; tal vez no. Cuando un hecho es tan inmenso, tan trascendente que los días, los años, las décadas no lo pueden borrar, entonces es posible pensar que se ha vencido al tiempo. Como en aquel lejano 4 de noviembre de 1967. ¿Lejano? Si parece que fue ayer, hace un rato nomás. La pelota la tenía Juan Carlos Rulli, ya en campo de Celtic. Cerca de tres cuartos de cancha, le dio el balón al Juan Carlos Cárdenas. El Chango acomodó la pelota para la zurda. La leyenda cuenta que el Bocha Maschio le gritó: “Pateá”. La verdad es que Maschio le pidió la pelota. Pero el Chango nunca lo escuchó. Y, casi por intuición, metió el zurdazo furibundo, desde unos 30 metros, tirado unos metros hacia la derecha del eje central de la cancha. El balón viajó en vuelo heroico hacia la red del arco defendido por Fallon, hacia la victoria, hacia la gloria, hacia la eternidad. Racing 1 vs. Celtic 0. Racing campeón del mundo. La Academia vencía al tiempo.
A esas alturas, más allá de la magnitud, el logro no resultaba sorprendente, porque el equipo ya había sabido construir su propia fuerza en el camino que lo llevó hasta la definición de la Copa Europeo-Sudamericana. Los títulos de 1966, en el certamen local argentino, y de 1967, en la Copa Libertadores, le dieron a Racing la posibilidad de ser el mejor del mundo ante Celtic. Por eso no fue sorpresa; en todo caso, se había alcanzado el nivel de mito.
Al ciclo más importante del club en la era profesional no se llegó de un día para el otro. En realidad, fue el resultado de un extenso período de recambio generacional que comenzó con la consagración albiceleste en el certamen de 1961. Ese plantel contaba con varios jugadores de experiencia, que, tras conseguir el título, empezaron a ceder terreno ante el impulso joven de varios valores de las divisiones inferiores.
Para 1962, el arquero Toledo, de Estudiantes, se sumó al veterano Negri y a un pibe que asomaba en el plantel de primera: Agustín Mario Cejas, que debutó hacia fines de año, el 11 de noviembre, en la goleada académica ante Chacarita, por 7 a 3. Dos semanas más tarde, en el 0 a 0 frente a Independiente, se produjo otro estreno importante: el del santiagueño Juan Carlos Cárdenas, que se mantuvo como titular hasta el final del torneo.
Además de esos debuts, que la historia se encargaría de hacer significativos, también fue destacable la despedida con una clara victoria por 3 a 0 frente a San Lorenzo. Pero lo cierto fue que la campaña no fue nada buena. Racing terminó en el noveno puesto entre 15 participantes, producto de 8 triunfos, 10 empates y 10 derrotas, con 39 goles a favor y 41 en contra.
Una verdadera renovación se dio para el campeonato de 1963, que fue el que contó con menos equipos de la historia, 16, ya que se pretendía darle mayor brillo, algo que no logró plasmarse. Llegaron nada menos que 7 refuerzos para la Academia: Juan Larrea (de Huracán), Mattera (puntero derecho uruguayo), Basílico (Vélez), Oscar Martín (Chacarita), Julio San Lorenzo (Nueva Chicago), Reynoso (San Lorenzo) y Luis Carrizo. También volvió Juan Carlos Oleniak. Entre los que se fueron, Corbatta pasó a Boca; Sanguinetti y Blanco a Chacarita, y Eduardo Curia a Vélez.
Ya el arranque no fue bueno. La Academia sumó su primer triunfo apenas en la sexta fecha, cuando venció a Argentinos ajustadamente por 2 a 1. Al menos, sirvió para que el equipo se destapara y comenzara a recuperar terreno en la lucha por el título. Y lo hizo sin pausas, con significativas victorias frente a San Lorenzo (2-1), Boca (3-0) e Independiente, al que superó como visitante por un contundente 4 a 0. Este último éxito no sólo fue fundamental por propias características, por tratarse del clásico rival y por haber sido una goleada, sino también porque le permitió a la Academia quedar a un punto del líder, River, equipo con el que se enfrentó en la fecha siguiente, el 22 de septiembre. Se acercaban los momentos cruciales del campeonato y Racing tenía la gran oportunidad de quedar en la cima de las posiciones si le ganaba al conjunto millonario. Sin embargo, la ilusión racinguista chocó con la histórica paternidad riverplatense. Los hombres de Núñez se impusieron por 2 a 1, con goles de Luis Artime.
Lo peor: el River de los 18 años negros tampoco pudo resistir el embate de Independiente, que en un buen final, ganó de arremetida y salió campeón con dos unidades de ventaja sobre River y siete sobre Racing y Boca.
Sin descensos para el certamen de 1964, con los ascensos de Ferro y Newell’s, Racing volvió a sumar numerosos refuerzos para intentar meterse otra vez en la discusión: José Omar Pastoriza (Colón), César Luis Menotti (Central), Luis Maidana (Banfield), Daniel Bayo (Gimnasia), Sivina (Central Córdoba), Pentrelli (volvió de Italia) y los brasileños Baptista, Claudio y Dorval. Lo curioso: Racing se desprendió de su goleador, Julio San Lorenzo, quien pasó a Banfield junto con Bertulessi y Peano.
El comienzo fue por demás irregular, con victorias y derrotas alternadas. El equipo no aparecía y los cambios en el equipo se sucedían en una alocada carrera sin resultados. Entre tanta búsqueda se produjo el debut de un pibe en la defensa, frente a Atlanta: Roberto Perfumo. Pero los problemas de Racing pasaban fundamentalmente por el ataque, algo que se solucionó parcialmente sobre el final de la primera rueda, algo que le permitió al equipo quedar a sólo tres puntos del líder, Boca.
En la rueda siguiente, otra vez apareció en escena la irregularidad del equipo. Sin embargo, el éxito por 1 a 0 ante Boca, que no perdía desde la primera jornada, con un tanto de Federico Sacchi, reavivó la esperanza. No por mucho tiempo. Pronto volvió el Racing de la incertidumbre, que no sólo terminaría el certamen en un insulso sexto puesto, con Boca como monarca.
Se acercaba el gran año, pero por la realidad del equipo, parecía que Racing estaba lejos de una nueva conquista. En 1965, la Academia siguió en picada. Se reforzó con Juan Carlos Rulli, Juan José Rodríguez y Benicio Ferreira, de Boca, mientras que el conjunto xeneize se llevó a Menotti y a Sacchi; además, llegó Jaime Martinoli de Banfield, Castillo de Español, y la Bruja Belén, en sus últimos tiempos de jugador, se fue a Newell’s.
A tal punto la campaña de Racing fue mala que el final de la primera etapa lo encontró en el último puesto de la tabla. La segunda rueda no trajo demasiadas novedades, al menos en el comienzo. El equipo se mantenía en el fondo de la tabla y no había quien encontrara la fórmula para salir del mal trance. Renunció el entrenador, José García Pérez, pasó Cacho Giménez como interino y el 19 de septiembre llegó el gran día. Racing, el último, se enfrentaba con el primero, River, un equipo embalado por el buen andar. Esa tarde, en el banco de Racing se sentó por primera vez Juan José Pizzuti. En verdad, no había una gran euforia y es lógico pensar en eso. El equipo estaba haciendo una campaña muy pobre y la paternidad millonaria no prometía alegrías. River empezó ganando con un gol de Artime. Todo indicaba que la historia sería la de casi siempre. Pero “Tito” Pizzuti hizo el milagro, su equipo hizo el milagro. Un tanto de Castillo y dos de Juan José Rodríguez dieron vuelta el resultado y entonces sí se desató la algarabía popular. El último “volteaba” al líder y Racing, desde lo más profundo de su crisis, sacaba fuerzas para ponerse de pie.
Una nueva derrota en la fecha siguiente, ante San Lorenzo, por 2 a 0, no hizo mella en el espíritu renovado de un grupo que empezaba a meterse en la historia grande del futbol argentino y mundial sin darse cuenta. En el cotejo siguiente, un empate 1 a 1 frente a Atlanta, comenzó una serie invicta de 39 partidos que recién pudo quebrar el Boca de Carlos Bianchi entre 1998 y 1999, cuando estuvo 40 partidos sin conocer la derrota. Y la imagen sirve para marcar diferencias entre un tiempo y otro, y a la vez darle valor a lo hecho por ese equipo albiceleste: con esa racha, Racing logró el título de 1966, mientras que Boca, con una actuación similar, se quedó con dos coronas locales, por los torneos cortos. En fin, cuestiones del paso del tiempo que en este caso favorecieron al conjunto xeneize.
Finalmente, el certamen de 1965 terminó con Boca campeón y otra frustración para River. La levantada de Racing, que se mantuvo invicto durante los últimos 14 encuentros del certamen de 1965, le permitió alcanzar el quinto puesto. Fue el nacimiento de un equipo emblemático.
Para la gesta de 1966 se incorporaron Fernando Parenti (Lanús), los uruguayos Benítez y Nelson Chabay (llegó de Racing de Montevideo, recomendado por Nito Veiga, ayudante de Pizzuti). También se sumó Miguel Mori, de Independiente, en canje por José Omar Pastoriza. Se fueron Anido, Pentrelli y José Vazquez.
El equipo arrancó el torneo con el envión del final de 1965. En la primera fecha, venció a Atlanta por 2 a 0, con goles del Yaya Rodríguez. Fue el primer paso hacia el título. La Academia empató 0 a 0 con Vélez, venció a Newell’s 2 a 0 y a Quilmes 5 a 0, igualó con Banfield 0 a 0 y superó a Chacarita 1 a 0. Para la sexta fecha, los hinchas recibieron un regalo muy preciado: el reencuentro en la cancha con Humberto Dionisio Maschio. El “Bocha” nunca había dejado de tener contacto con su amigo Pizzuti, de quien había sido compañero, durante los años en los que jugó en Italia. Las cartas los mantenían al tanto de la vida y los pasos de cada uno. El técnico, a sabiendas de que a Maschio se le vencía el contrato en la península, le hizo saber que lo quería de nuevo en Racing. Por eso, le dijo al entonces presidente de la institución, Santiago Saccol, que hiciera todos los esfuerzos para convencer a Maschio de ponerse nuevamente la camiseta celeste y blanca. Y así fue. El 10 de abril, ante Chacarita, el “Bocha” volvió a la Academia y su equipo se impuso por 1 a 0, con un gol del Yaya Rodríguez.
Si hubiera que mencionar una sombra en el torneo, habría que buscarla por el lado de River, cuándo no. Es que en el primer clásico del certamen, ante el conjunto de Núñez, Racing empató 1 a 1 y, en la segunda rueda, los millonarios fueron los que le cortaron la serie invicta a la Academia. Pero no nos adelantemos. Después de la igualdad con River, Racing superó a Estudiantes (1-0), Huracán (2-0), Ferro (4-1), Central (1-0), Colón (1-0), Lanús (2-1) y Platense (3-1), mientras que empató con Argentinos (0-0), Boca (otro clásico igualado, 0-0) y Gimnasia (2-2). En las dos últimas fechas de la primera rueda, la Academia consiguió los dos primeros triunfos en los clásicos. El 3 de julio superó como visitante nada menos que a Independiente, por 2 a 0, con tantos del Bocha Maschio y Jaime Martinoli, mientras que el 17 del mismo mes superó por 2 a 1 a San Lorenzo, con goles del Yaya Rodríguez y Basile (Veira descontó para el Ciclón).
Si bien la segunda rueda comenzó con tres empates, ante Atlanta, Vélez y Newell’s, Racing no se quebraba. Después de esa serie consiguió tres victorias seguidas, frente a Quilmes (2-1), Banfield (1-0) y Chacarita (3-0). Justamente este último triunfo frente al equipo de San Martín fue el eslabón final en la histórica serie invicta del “Equipo de José”, porque a la fecha siguiente, la vigésimosexta, River –esa eterna espina– lo venció por 2 a 0 y terminó con la imbatibilidad académica. Con lo que no terminó fue con el espíritu ganador del plantel, porque esa sería la única derrota hasta el final del campeonato.
Después del cotejo ante River, Racing les ganó a Estudiantes (3-0), Argentinos (3-0), Ferro (6-0), Rosario Central (2-1) y Platense (2-0), e igualó con Huracán (2-2), Colón (0-0) y Lanús (2-2). El 13 de noviembre Racing le ganó en el Cilindro el clásico a Boca por 3 a 2, con una gran actuación del Panadero Rubén Díaz. Ese éxito lo puso a las puertas de un nuevo título.
Una semana más tarde llegó la consagración, en La Plata, con el empate 0 a 0 frente a Gimnasia y Esgrima, con dos fechas de anticipación. Ese día Racing dio la vuelta olímpica que fue la antesala de la consagración de la Academia en el mundo. El certamen terminó con un empate 3 a 3 frente a Independiente y una victoria de despedida ante San Lorenzo por 2 a 0.
Con el título local en el bolsillo, en 1967, mientras comenzaba la disputa de los torneos Metropolitano y Nacional, Racing fue en busca del reconocimiento mundial. Y lo consiguió. Lejos estuvo la empresa de resultar sencilla y basta con un dato para certificarlo: la Academia se consagró en la Copa Libertadores más larga de la historia. Para quedarse con ella, el equipo dirigido por Juan José Pizzuti disputó nada menos que 20 partidos.
Para afrontar el objetivo no se tocó la base del plantel; de hecho, se enriqueció con las incorporaciones de los delabnteros Norberto Raffo y Joao Cardoso, el defensor Antonio Manillo, y el arquero Antonio Spilinga. La Academia integró el Grupo 2 y arrancó con todo: un claro éxito frente a River por 2 a 0, en Avellaneda. Después, el equipo cayó rotundamente frente a 12 de Octubre, de Bolivia, como visitante, por 3 a 0, pero ya no volvería a caer en la primera etapa, algo que lo clasificaría para las semifinales. Seguidamente, el conjunto albiceleste superó a Independiente Medellín (2-0), Independiente Santa Fe (2-1) y a Bolívar (2-0), todos como visitante; luego, en el Cilindro, venció a Independiente Medellín (5-2), Independiente Santa Fe (4-1), 31 de Octubre (6-0) y Bolívar (6-0), para cerrar su actuación en esa instancia con un empate 0 a 0 ante River, en Núñez.
Claro que la Academia pasó algunas vicisitudes, no en lo deportivo, pero sí en otras cuestiones. Por ejemplo, la realidad colombiana de ese momento no permitía que el equipo saliera del hotel donde se alojó cuando fue a jugar a ese país. Y de aquella excursión a tierra cafetera es la anécdota que cuenta que el grupo corrió peligro de muerte en un vuelo. Fue en el viaje de Medellín a Bogotá, en la tarde del 27 de marzo, en un DC-4 de la empresa SAM. El vuelo duró sólo una hora, pero la delegación no tuvo descanso. Una tormenta impresionante sacudió la aeronave como pocas veces. El miedo invadió a todos y con razón. En un momento, la máquina empezó a descender a gran velocidad: “¡Nos matamos!”, gritó el Bocha Maschio. Cuando todo parecía perdido, el piloto consiguió enderezar el avión .
Volviendo al futbol, en el comienzo de las semifinales Racing se volvió a enfrentar con River, con el que empató 0 a 0 como visitante. Después, hilvanó cinco triunfos consecutivos: ante Universitario, de Perú, por 2 a 1 en Lima y Avellaneda; frente a Colo Colo, 2 a 0 en Chile y 3 a 1 en el Cilindro, donde por la última jornada superó a River por 3 a 1. Racing estaba en la final de la Copa Libertadores.
A pesar de semejante campaña (cinco triunfos y un empate), el equipo de Pizzuti dirimió el pase a la final en un desempate con Universitario, en Chile, donde con la victoria por 2 a 1 logró acceder a las finales.
Tampoco le resultó sencillo a la Academia el último paso, que tuvo que dividir en tres, frente al Nacional uruguayo, porque los dos enfrentamientos originalmente pautados terminaron 0 a 0, en Montevideo y Avellaneda. Hubo que ir a un desempate, otra vez en el estadio Nacional de Chile, como contra Universitario. Racing sacó ventaja en el primer tiempo, con goles de Joao Cardoso, a los 14 minutos, y Norberto Raffo, a los 43. Pero cuando faltaban 11 minutos, descontó Espárrago para Nacional. Entonces, los instantes decisivos fueron emocionantes. El conjunto argentino resistió los embates uruguayos y al final se quedó con el gran premio: la Copa Libertadores.
Ese 29 de agosto en el país se desató la fiesta blanquiceleste, de una punta a la otra, en la sede de Avenida Mitre, en Avellaneda, en el Cilindro. Fue una fiesta gigante, genuina.
Pero había más. Los jugadores y los hinchas sabían que podían seguir haciendo historia. Quedaba la Copa Europeo-Sudamericana, la gloria total. Sin el conocimiento que hay hoy de muchos clubes del mundo –ni hablar de los más importantes–, Racing emprendió el viaje a Europa para enfrentarse con Celtic, de Escocia.
El 18 de octubre fue el primer choque, en Hampden Park. Un solo cambio respecto de la definición de la Libertadores: Juan José Rodríguez por Joao Cardoso. La esperanza se derrumbó. Los escoceses se impusieron por 1 a 0 con un tanto de McNeill a los 24 minutos del segundo tiempo. “Se acabó un ciclo”, dijo Pizzuti, abatido.
La derrota había calado hondo en el ánimo del grupo. Pero quedaba la revancha del 1º de noviembre. Para entonces, la “calentura” del momento había pasado. Pero aún así hubo que sufrir y mucho, como en todo el camino que condujo al club de Avellaneda al éxito mundial. Chabay entró por el Panadero Díaz y Cardoso por Mori. El Cilindro era un hervidero. De hecho, el arquero titular visitante, Donald Simpson, no pudo jugar porque en el calentamiento recibió el impacto de un proyectil. Así y todo, la tarde empezó bien para Celtir, porque Gemmel abrió la cuenta a los 21 minutos de la primera etapa, de penal. Enseguida volvió la calma y empató Norberto Raffo. Pero hacía falta un gol más para ir al desempate. Y apareció el Chango Cárdenas apenas iniciado el segundo tiempo: 2 a 1 y a Montevideo a definir la historia.
El 4 de noviembre fue la gran cita del otro lado del Río de la Plata. El estadio Centenario estaba a pleno. Una gran cantidad de racinguistas cruzaron el río para alentar al equipo, pero la verdad es que la Academia fue visitante en Uruguay, aún a pesar del gesto del equipo, que intentó congraciarse con el público saliendo con una gran bandera uruguaya. No hubo cambios en la formación. Cejas; Perfumo y Chabay; Martín, Rulli y Basile; Cardoso, Maschio, Cárdenas, Rodríguez y Raffo. El partido fue áspero, como se preveía. Antes de que terminara el primer tiempo, el árbitro paraguayo Rodolfo Pérez Osorio expulsó a Lennox y a Basile por agresión mutua. Johnstone también se fue antes, apenas comenzado el segundo tiempo, a los tres minutos. Con un hombre más, Racing se fue con todo para adelante. Hasta que a los 10 minutos del complemento Rulli y Cardoso armaron la jugada; Rulli se mandó y el Chango Cárdenas se mostró en la izquierda; la pelota le llegó, avanzó unos metros, levantó la cabeza y le dio de zurda al balón, con tremenda fuerza y dirección. Estaba a unos 25 o 30 metros del arco. El estadio hizo silencio durante una fracción de segundo. Fallon, el arquero de Celtic, voló hasta lo imposible. De nada sirvió. El remate del Chango estaba en la red. Se desató así la carrera enloquecida del delantero académico para abrazarse con Basile. El delirio se apoderó de los argentinos. La victoria estaba cerca.
El encuentro continuó áspero. Por eso también se fue expulsado Hughes y, antes del final, Rulli. Pero a esas alturas, la batalla estaba ganada. Cuando el árbitro indicó el final, hubo un estallido argentino que retumbó en el mundo. Fue el de la Academia, el de Racing Club, primer campeón mundial de nuestro país
Fuente:http://www.futbolamil.com.ar/clubes/racing.php
martes, 26 de mayo de 2009
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